Encontrábase ella de dicha invadida hasta el fondo, y dicha, implacable, deseaba ir más adentro.
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sábado, 13 de noviembre de 2010
domingo, 18 de julio de 2010
El Verdugo Vergudo
Cuentan que en la penúltima celda del calabozo, resguardado entre angostas y oxidadas paredes, doblemente cabizbajo se encuentra el Verdugo Vergudo.
Dicen que el suyo fue un parto de cuidado, pues en vez de asomar cabeza al mundo y así prevenirse de futuros peligros, nuestro cuasi trípode amigo se presentó a la vida anteponiendo su gran dote.
Aprender a caminar le resultó una magna labor, pues llevaba a él zurcido el obstáculo de todos sus tropiezos.
Quienes habitan los alrededores del palacio se han acostumbrado a arrullar a sus niños con el espeso llanto del verdugo, que mirando la luna recuerda los días de libertad en que corría con pantalones largos, y con el miembro amarrado a la pierna subía y bajaba colinas en compañía de otros niños que desconocían su secreto.
Él sabe que sí se encuentra preso ahora es por culpa de Anita, de los trece años que ambos cargaban entonces y de los senos nacientes que se translucían bajo su blusa con ayuda de la lluvia. Sabe que sí ella no lo hubiera besado, su falo no habría reventado las correas que lo ataban y que sí aquel momento se hubiera atrasado tan sólo lo suficiente para alejarse del templo, el sacerdote no le hubiera llamado bestia apocalíptica ni lo hubiera arrastrado del prepucio hasta los tribunales, donde doce cardenales lo acusaron de realizar pactos diabólicos y un par de hombres de ciencia resolvieron que su anatomía tenía raíz en el bestialismo practicado por su madre con un asno.
Sólo Anita, que le conoció antes el alma que el sexo, sabe que el Vergudo tiene nombre (Se llama Teofalo) y que aborrece su oficio. Sabe que la asfixia de aquella mujer en los tribunales fue tan sólo un tristísimo accidente. Ninguno de los dos sabía las consecuencias extremas que conllevaría el felatio. “Que en paz descanse su prostituta alma” reza.
Fueron ellos, los cardenales, quienes al contemplar el acto descubrieron con gracia la poderosa herramienta inquisidora que el Señor les había enviado.
El padre Toribio, aficionado a la mecánica y la metalurgia, se encargó de transformar el pene del vergudo en un artefacto de tortura multiusos: En ladrones se usaba cual horca, a las adulteras se les penetraba con funda de clavos, enhiesto empalaba a las brujas y flácido latigueaba a traidores. Importaba poco que Teofalo tragara llanto al ver su dignidad desmoronarse entre torturas, al verse transformado en el esclavo malvado de un monstruo al que repudia
Los juglares le apodaron el Verdugo Vergudo y contaron terribles historias sobre su persona, el tiempo se encargo de llevar su nombre al olvido, hay quien afirma que nunca lo tuvo. Hace pocos años un grupo de mujeres que le rinden culto fue a su rescate. Hasta la fecha ninguna regresa.
Y es que en estos entonces sólo sabemos que en verdad existe por que cuando el canto del búho se funde con su llanto, Anita canta en su mecedora una canción de viejos amores.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Pie de página
Este pie de página ya tiene callos¹ se ser tan leído. Sus aburridos ojos de pescado², cansados de verte, lector, han echado a dormir.
Sus uñas sucias de negras tintas buscan desgarrarte pues sus plantas marchitas³ añoran una lagrima que les dé de beber.
Este pie de pagina que jamás ha caminado, quiere escapar del libro para salir a pasear dejando huellas de palabraˇ.
* Un pie de página es esta nota casi inútil que estas leyendo. Los editores con aires de intelectualidad gustan de incrustarlas por montón en la parte inferior de las paginas de un libro, con la clara intención de distraerte en la lectura.
¹ Es una capa endurecida de piel que se forma por la ficción o presión excesiva. Dicen los que saben que es más doloroso pisar un callo que un orgullo. Algunas abuelitas disfrutan lijarlos con piedra pómez y untarles cebolla cruda para aromatizar.
² A los ojos de pescado les gusta mirarte fijamente entre el hielo escarchado del supermercado.
³ Aquí el autor con la palabra marchitas no se refiere a las pequeñas marchas que hacen las hormigas para secuestrar la comida de un día de campo, si no al proceso en que la planta sin esperanzas pierde sus líquidos antes de dejarse morir.
miércoles, 12 de mayo de 2010
La uña.
La mugre pegada a la uña. Las manchitas blancas en la superficie de la uña. El pellejo un tanto alzado que pega al dedo con la uña. Las diminutas gotitas de sangre que manchan el añillo de compromiso postrado debajo de los nudillos apenas doblados y quietos del dedo que sostiene con su pellejo la uña. El dorso de la mano ensangrentado del cual nace el dedo anillado que con mugre acumulada en la uña sostiene adherido un pelo púbico. El chorro de sangre que escurre desde la muñeca y encharca el piso entintando la palma de la mano que guarda entre su uña un pelo púbico arrancado sin el permiso de la dueña. El machete que separa al brazo atado a la silla de la mano que escurre por la muñeca sangre que mancha la yema del dedo anular que sostiene entre uña y carne el pelo púbico tomado sin permiso de la entrepierna de la chica de piel amoratada que alza de nuevo el machete y lo deja caer sobre la garganta de un hombre que grita y gime después de haber perdido la mano con la que exploró el sexo de la chica por la que acaba de perder la cabeza.
sábado, 13 de marzo de 2010
Mezcla homogénea.
Por último, cuando ya ojos, boca, brazos, corazón y sexo comenzaban a soltar jugo en el caldero hirviente; ella cometió su primer acto de amor. Se metió a nadar con los restos de su amado, hasta que ambos fueron parte de un mismo caldo.
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