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domingo, 30 de mayo de 2010

El día de las mujeres aladas.

Llegará el día, -dijo Lilith- en que las toallas sanitarias vuelen. Las mujeres aladas ascenderán a los cielos, donde ángeles y arcángeles temblarán excitados al sentir por fin tan cerca labios, lenguas, senos, sexos, y abandonarán su santidad resguardada desde el amanecer de los siglos para saciarse de los placeres de la carne. Entonces los hombres en la tierra alzarán sus cabezas hacia el cielo, contemplando boquiabiertos el diluvio de ángeles caídos.

El día de las mujeres aladas -dijo a Yahvé- tu cielo quedara desierto de santos y arcángeles sirvientes. El hijo sentado a tu diestra abandonara su trono y cambiara tu casa por un par de magdalenas piernas, aquellas que tanto le negaste en su primera venida. Y al encontrarte tan solo y tan cansado, darás el juego por perdido, poniendo punto final al universo, sin ganas de volver a comenzar.

Cuídate de la mujer, te digo. Tu omnipotencia ya agoniza succionada por mis labios vaginales.


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domingo, 16 de mayo de 2010

El día de los desalmados.

Los ateos despertaron sonrientes, un gran peso se les fue de encima.
Los sacerdotes sin fieles que estafar y muriendo de hambre, optaron por vender la iglesia al magnate que abrió un supermercado, donde las tiendas de discos quebraron a falta de clientes y productos nuevos.

  Los artistas se ahogaron en profundos lagos de desesperanza; El pintor le temía al pincel, el poeta ante esas líneas vacías de esencia que bien pudo haber escrito un notario, tomó la pluma e inserto el punto final en su yugular y en vez de sangre derramó poesía, que únicamente conmovió a un vampiro mendigo que al lamerla del suelo volvió a mirar con ojos de hombre vivo y sintió miedo. Todas esas criaturas de las cuales se alimentaba, ahora estaban más muertas que él.

  Acudió a los grandes magos, pero ellos ya habían cambiado su falso oficio por la ciencia. Pidió respuesta a los fantasmas que ya habían desaparecido y en contra de todo lo que dictaban los Libros de la Noche, acudió al reino fantástico a suplicar a las hadas su misericordia, pero los restos del reino ya descansaban en el cenicero de un bibliotecario confundido.

   En su tremenda angustia el vampiro optó por entregarse a la incandescencia del sol, que para colmo de Galileo, jamás se dignó de nuevo a dar otra vuelta alrededor de la tierra. 
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