Llegará el día, -dijo Lilith- en que las toallas sanitarias vuelen. Las mujeres aladas ascenderán a los cielos, donde ángeles y arcángeles temblarán excitados al sentir por fin tan cerca labios, lenguas, senos, sexos, y abandonarán su santidad resguardada desde el amanecer de los siglos para saciarse de los placeres de la carne. Entonces los hombres en la tierra alzarán sus cabezas hacia el cielo, contemplando boquiabiertos el diluvio de ángeles caídos.
El día de las mujeres aladas -dijo a Yahvé- tu cielo quedara desierto de santos y arcángeles sirvientes. El hijo sentado a tu diestra abandonara su trono y cambiara tu casa por un par de magdalenas piernas, aquellas que tanto le negaste en su primera venida. Y al encontrarte tan solo y tan cansado, darás el juego por perdido, poniendo punto final al universo, sin ganas de volver a comenzar.
